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Los beneficios de dedicarte tiempo a ti mismo

La alarma del teléfono sonó a las siete en punto de la mañana, pero ya estaba despierto un cuarto de hora antes. Como no soy de los que se ponen cinco alarmas y continúan durmiendo entre una y otra ni tampoco de los que se quedan remoloneando en la cama, enseguida me levanté, después de estirar ruidosamente mis extremidades, y comencé mi rutina matinal con la preparación del café.

El café de las mañanas es para mí un ritual necesario para comenzar el día con buen pie. Más que beberlo, es el tiempo que dedico a hacerlo, lo que lo convierte en una rutina necesaria. Me levanto muy temprano para disfrutar de ese instante de paz y extrema calma, permitiendo que fluyan los pensamientos. A menudo suele decirse que ningún sitio está tan lleno de ideas como el interior de una taza de café. Sin embargo, es ese momento que destino a mi mismo todas las mañanas el responsable de mi creatividad. Igualmente, ese tiempo a solas con mi “yo” interno es la razón de mi buen humor durante el resto del día.

Levantarme temprano siempre ha sido una buena inversión. Mientras disfruto de mi café matutino, aprovecho para reflexionar de forma más tranquila, algo imposible de realizar el resto del día. A esas horas tempranas, mi mente está reposada y resulta más fácil encontrar soluciones a eventuales problemas. Utilizo ese tiempo para pensar con serenidad, organizar mi agenda sin prisa y dar libre curso a la creatividad.

Vivimos una vida agitada en la que resulta difícil priorizarse a uno mismo. En muchas ocasiones, hacerlo es visto como algo egoísta. Las reglas de la sociedad nos exigen atender las obligaciones que nos imponen los demás y las que nos imponemos nosotros mismos. Así que, desde el mismo instante en que abrimos los ojos en la mañana hasta que nos vamos a la cama en la noche, no tenemos ni un minuto para pensar en nuestro “yo”. ¡Mal! ¡Muy mal! Podría parecer que si hacemos muchas cosas, pero muchas, incluso de dos en dos, estaremos aprovechando mejor el tiempo y nuestra vida. ¡Uf, pues va a ser que no! Al contrario, cuando haces eso y no paras ni un segundo, te estás perdiendo la vida.

Según mi experiencia personal, cuando consigues poner freno a las responsabilidades que te agobian y logras dedicar algo de tiempo cada día para ti, comienzas a estar a gusto contigo mismo. A partir de ese momento, cambia la dinámica de tu vida. Dedicarte tiempo se convierte en una rutina indispensable que influye positivamente en tu diario y en la relación con los que te rodean. Te sientes en armonía contigo mismo y como consecuencia, también, con los demás. Dedicar tiempo a ti mismo te hace ser una persona proactiva, pues la claridad a la hora de pensar y de tomar decisiones, que te proporciona ese instante de calma con tu “yo” interno, te permite encontrar soluciones acertadas a los problemas, así como, anticipar los que pueden surgir.

Dedicarte tiempo a ti mismo debería ser una práctica cotidiana en tu vida. Es, precisamente, en esos momentos de sosiego, en los que aparecen la creatividad y la motivación para hacer cosas. Te sientes tan bien, que incluso cambia tu punto de vista sobre las obligaciones.

Ya no vas a la compra, porque tienes que hacerlo, sino también, porque quieres preparar esa nueva receta que guardaste en algún momento y que nunca tuviste tiempo de realizar. Marchas al gimnasio motivado y con deseos, porque sabes que le hace bien a tu salud, pero igualmente, a tu mente, y no solo porque quieres tener ese cuerpo cinco estrellas que nos muestran los medios de comunicación y las redes sociales. Te vas a trabajar satisfecho, porque aunque la jornada se anuncie estresante, te has tomado un instante de calma para organizarla antes o porque sabes que una vez terminada podrás desconectar, haciendo algo que te guste y que te permita recargar energía para el día siguiente. Limpias la casa y asimismo, aprovechas para ponerte los audífonos y escuchar tus listas preferidas de Spotify, algo que en otro momento no tienes la oportunidad de hacer sin interrupciones.

¡Créeme! Cuando empiezas a satisfacer tus propias necesidades, cuando entiendes realmente que la prioridad eres tú, cuando aprendes a escucharte para saber lo que necesitas, la sensación de bienestar no tarda en aparecer. Con ella también llegan la fortaleza y la motivación. Es entonces, cuando comienzas a notar los efectos beneficiosos de dedicarte tiempo a ti mismo y no solo tú lo notas, también las personas que te rodean.

En mi caso, trato de dedicarme tiempo casi cada día. He aprendido a hacerlo mientras realizo actividades como correr, caminar, ir en bicicleta o entrenando en el gimnasio. Cuando cocino aprovecho para reflexionar, acompañado de la música propicia, mientras preparo mis recetas preferidas. Los días en los que hago bricolaje en casa, dejo volar mi mente. Cuando me ocupo de mis plantas, utilizo ese instante para pensar con serenidad. Quince minutos de meditación antes de comenzar las labores diarias son suficientes para sentirse bien y el efecto dura el resto del día. Sin embargo, mi momento preferido para encontrarme con mi “yo” interno es temprano en la mañana en torno a una taza de café.

¡Hola! Soy Loulou

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